La desesperación
Me gusta ver el cielo
con negros nubarrones
y oír los aquilones*
horrísonos bramar,
me gusta ver la noche 5
sin luna y sin estrellas,
y sólo las centellas
la tierra iluminar.
Me agrada un cementerio
de muertos bien relleno,
manando sangre y cieno 10
que impida el respirar,
y allí un sepulturero
de tétrica mirada
con mano despiadada
los cráneos machacar. 15
[...]
Que el trueno me despierte
con su ronco estampido, 25
y al mundo adormecido
le haga estremecer,
que rayos cada instante
caigan sobre él sin cuento,
que se hunda el firmamento 30
me agrada mucho ver.
La llama de un incendio
que corra devorando
y muertos apilando
quisiera yo encender; 35
tostarse allí un anciano,
volverse todo tea,
y oír como chirrea
¡qué gusto!, ¡qué placer!
Me gusta una campiña 40
de nieve tapizada,
de flores despojada,
sin fruto, sin verdor,
ni pájaros que canten,
ni sol haya que alumbre 45
y sólo se vislumbre
la muerte en derredor.
Allá, en sombrío monte,
solar desmantelado,
me place en sumo grado 50
la luna al reflejar,
moverse las veletas
con áspero chirrido
igual al alarido
que anuncia el expirar. 60
Me gusta que al Averno**
lleven a los mortales
y allí todos los males
les hagan padecer;
les abran las entrañas, 65
les rasguen los tendones,
rompan los corazones
sin de ayes*** caso hacer.
Insólita avenida
que
inunda fértil vega, 70
de cumbre en cumbre llega,
y arrasa por doquier;
se lleva los ganados
y las vides sin pausa,
y estragos miles causa, 75
¡qué gusto!, ¡qué placer!
[…]
* Un viento procedente del norte.
** Infierno.
*** Expresión de dolor: ay.
No hay comentarios:
Publicar un comentario